Y encontrar tu sonrisa entre mis cosas.
Búscate a alguien que te coma con la mirada. Que te abarque al abrazarte, y que lo haga con tal fuerza, que te falte el aire. Que te bese en todos los semáforos. Que te cubra con una manta cuando te quedes dormida, y que le tenga envidia al sueño por no dejarle ver quién eres cuando cierras los ojos.
martes, 2 de agosto de 2011
lunes, 1 de agosto de 2011
Hay días en los que no te apetece nada, sólo dormir, llorar, desconectar del mundo que te rodea, alejarte de él todo lo que puedas. No existir, no ser nada, absolutamente nada, ser algo inapreciable, invisible. Hay días en los que no te apetece ni hablar, no quieres escuchar, sólo desaparecer. Entonces aparece algo, ése algo que hace que todas tus penas se esfumen como el humo de un cigarro, ése algo que no quieres dejar de mirar porque sólo contemplarlo te hace feliz, ése algo necesario en tu día a día.
NECESARIO EN TU VIDA
Vuelve conmigo
Que quiero beber de tu boca, la que me hizo renacer y soñar a deshoras. Mil y un amaneceres, borrachos entre copas, que siguen en mi memoria, porque no te olvido.
jueves, 21 de julio de 2011
No hace falta que me digáis eso de que perdeis la cabeza por eso de que sus caderas... Ya sé de sobra que tiene esa sonrisa, y esas maneras, y todo el remolino que forma en cada paso de gesto que da. Pero además la he visto seria, ser ella misma, y en serio que eso no se puede escribir en un poema. Por eso, eso que me cuentas de que mírala cómo bebe las cervezas, y cómo se revuelve sobre las baldosas y qué fácil parece a veces enamorarse. Todo eso de que ella puede llegar a ser ese puto único motivo de seguir vivo y a la mierda con la autodestrucción... Todo eso de que los besos de ciertas bocas saben mejor es un cuento que me sé desde el día que me dio dos besos y me dijo su nombre. Pero no sabes lo que es caer desde un precipicio y que ella aparezca de golpe y de frente para decirte: "venga, hazte un peta y me lo cuentas". No sabes lo que es despertarte y que ella se retuerza y bostece, luego te abrace y luego no sepas cómo deshacerte de todo el mundo. Así que supondrás que yo soy el primero que entiende, el que pierdas la cabeza por sus piernas y el sentido por sus palabras, y los huevos por un mínimo roce de mejilla. Que las suspicacias, los disimulos cuando su culo pasa, las incomodidades de orgullo que pueda provocarte, son algo con lo que ya cuento. Quiero decir que a mí de versos no me tienes que decir nada, que hace tiempo que escribo los míos. Que yo también la veo. Que cuando ella cruza por debajo del cielo solo el tonto mira al cielo. Que sé como agacha la cabeza, levanta la mirada y se muerde el labio superior. Que conozco su voz en formato susurro, y formato gemido y en formato secreto. Que me sé sus cicatrices, y el sitio que la tienes que tocar en el este de su pie izquierdo para conseguir que se ría, y me sé lo de sus rodillas, y la forma que rozar las cuerdas de una guitarra. Que yo también he memorizado su número de teléfono, pero también el numero de sus escalones, y el numero de veces que afina las cuerdas antes de ahorcarse por bulerías. Que no sólo conozco su última pesadilla, también las mil anteriores, y yo sí que no tengo cojones a decirle que no a nada, porque tengo más deudas con su espalda, de las que nadie tendrá jamás con la luna, y mira que hay tontos enamorados en este mundo. Que sé la cara que pone cuando se deja ser completamente ella,
rendida a ese puto milagro que supone que exista. Que la he visto volar por encima de poetas que valían mucho más que estos dedos, y la he visto formar un charco de arena rompiendo todos los relojes que la puso el camino, y la he visto hacerle competencia a cualquier amanecer por la ventana: no me hablen de paisajes si no han visto su cuerpo. Que lo de: "mira sí, un polvo es un polvo", y eso del tesoro pintado de rojo sobre sus uñas y sólo los sueños pueden posarse sobre las cinco letras de su nombre. Que te entiendo. Que yo escribo sobre lo mismo. Sobre la misma. Que razones tenemos todos.
Pero yo, muchas más que vosotros.
rendida a ese puto milagro que supone que exista. Que la he visto volar por encima de poetas que valían mucho más que estos dedos, y la he visto formar un charco de arena rompiendo todos los relojes que la puso el camino, y la he visto hacerle competencia a cualquier amanecer por la ventana: no me hablen de paisajes si no han visto su cuerpo. Que lo de: "mira sí, un polvo es un polvo", y eso del tesoro pintado de rojo sobre sus uñas y sólo los sueños pueden posarse sobre las cinco letras de su nombre. Que te entiendo. Que yo escribo sobre lo mismo. Sobre la misma. Que razones tenemos todos.
Pero yo, muchas más que vosotros.
Lo mejor de mi vida.
Ellas, las que me hacen sonreír día a día, las que me entienden, las que cuentan conmigo para todo, las que siempre están ahí, las más guapas, las mejores, las más divertidas, las más graciosas, las de siempre.
Las cuatro de siempre. Mis cuatro.
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